jueves, 29 de mayo de 2014

Hogar, dulce hogar.



Más de medio año sin entrar aquí… me parece increíble. Lo entiendo en realidad. Esto una vez fue mi casa, mi casa sola para mí. Una casa de donde casi fui desalojado de una forma u otra y en la que fui entrando de muy en cuando. Espero no volver a dejar mi hogar tanto tiempo deshabitado.

Pero… ¿hogar? Ahora mismo estoy como para hablar de hogar. Hoy cumplo dos meses fuera de mi hogar nato, e incluso de mi país. Hoy cumplo dos semanas viviendo en Londres. Atrás he dejado muchas cosas, como todo el mundo cuando hace algo así, supongo. Pero realmente no me importa. Lo único que me importa haber dejado atrás son las personas, y aquellas personas que realmente me quieren están en contacto de una forma u otra, así que realmente a quien echo de menos es a mi perruno; ese lobillo que acogí levantándolo del pecho para ponerle en mi cama y al que deje durmiendo en mi casa con 24Kg cuando me fui. Con el no tengo contacto… pero espero verle pronto. No me gusta no tener contacto con aquello que quiero.

(No es que quiera volver a mi casa, es que esta es ya mi casa)

Y aquí, pues tengo todo lo que quiero, que no son muchas cosas. Es más, solo son dos cosas, y una de ellas son las ganas de vivir, de vivir viajando y conocer todo el mundo. Este es el primer paso, el primer gran paso, grandioso, de la vida que siempre he deseado. Yo, mientras tengas esas dos cosas, no necesito nada más para vivir esta maravillosa vida. ¿Qué cómo me siento al dar ese paso? No lo sé, sinceramente… esto es extraño. Todo. ¿Esto es como me pensaba? No pensaba nada, así que es como debe de ser. Ahora me toca vivir esto, que me gusta, y lo disfruto. Tengo que acostumbrarme a muchas cosas… desde a trabajos de mierda por un sueldo de mierda, hasta a caminar por la calle sin conocer nada.

Es curioso… en España deje muchas cosas, y sin embargo a veces lo que echo de menos no son personas, ni objetos, ni costumbres… sino un simple abrazo, por ejemplo. No sé qué mierda pasa en este país, pero supongo que aún es temprano, solo son dos semanas para algo tan grande. Es tiempo de ajetreo, de estrés, de rapidez… supongo que eso rebota mucho la cabeza. Te quemaba más el corazón un beso en una playa onubense que uno aquí rápido y casi, a veces, sin sentido. Cuántas cosas he dejado en Huelva… cosas que no son las que ya he nombrado, y que me apenan mucho. Cosas que pensaba que tendría aquí, en más abundancia.

Pero ya está dicho; esta ciudad es demasiado grande, demasiado ajetreosa. No puedo culpar a nadie más que a mí mismo, a mí a veces egoísmo y a mi impaciencia. Todo tiene su ritmo, y soy bastante arrítmico por lo que veo. Es uno de esos momentos en los que te gustaría que alguien viniese y te dijese lo que hacer, o lo que dejar de hacer. Una de esas veces en las que necesitas ayuda y que te digan “Ey! Tranquilo, no pasa nada, solo ve despacito…”. Supongo que debo hacerme caso a mí mismo, pero cuando uno le da vueltas a la cabeza es extremadamente difícil pararla por voluntad propia. De hecho, debo de dejar de pensar tanto en mi y en las vueltas de mi cabeza para pensar en los demás y ayudarles en lo que necesiten y como necesiten.

Así que… en resumidas cuentas estoy contento con lo que estoy viviendo. Solo necesito que el rio asiente lo que remueve. Aquí, como ya he dicho, tengo todo lo que quiero, y no necesito nada más. He conseguido hacer una de esas cosas que se te pasan por la cabeza cuando eres un crio y que te marca el resto de tu vida, pero que siempre lo ves como un objetivo difícil al que no sabes si llegaras. Pues bien, he llegado, y lo he hecho de la forma y como mejor me hubiese pasado en mi puta vida. Repito que no necesito más. He vuelto a este, mi hogar. He ganado un nuevo hogar, que no es más que esta ciudad que ahora habito y lo he hecho mejor de lo que jamás habría soñado. Un salto desde un murito de Huelva a un tornado de Londres. Increíble.

Me gustaría hablar sobre un millón de cosas, pero aquí tengo poco tiempo y creo que es hora de hacer otra cosa en lugar de estar escribiendo aquí. Es hora de hacer otras cosas que también me gustan y relajan como me hace el escribir. Es hora de relajarse en esta casa londinense agarrado a algo que jamás voy a soltar e irme a dormir.

Hogar… “Um lugar tem de se tornar uma paisagem interior para que a imaginação comece a habitar esse lugar e fazer dele o seu teatro”. Este es mi nuevo teatro, y tengo una actuación que realizar.


A lo que más quiero.




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